domingo, 21 de mayo de 2017

Mi cuento-Nicolás Blanco


                                                    Ahogado

El color gris inundaba el cielo, y allá en el horizonte donde antes había habido algo ahora no había nada, solo se escuchaba el golpe mojado contra la madera.
   El pecho seco del marinero subía y bajaba tranquilo. Estaba agotado, hambriento y tan sediento, dios cuanta sed tenia, solo podía pensar en cuanta agua había, pero que no podía tomar ni una gota; y en la comida de ayer a la noche, cuando todavía podía pararse y caminar o mirar el horizonte sin miedo, y el muy idiota no se había terminado la comida. Lo que daría ahora por comida, cualquier cosa, un pan, lo que sea.
 No sabía cuánto tiempo estaría así, capaz para siempre, pero no, no debía pensar eso, debía mantenerse positivo. Muchos habían estado en su lugar y habían sobrevivido, hasta habían escrito libros y todo, se imaginó escribiendo un libro que luego sería una película, y él se llenaría de dinero y viviría bien para siempre, así nunca más tendría que volver a tocar el océano. Además esa era una ruta marina muy circulada, seguro algún barco mercante lo rescataría, y quien sabe, tal vez alguien de su tripulación haya  sobrevivido y lo rescataron.
  Ahora el cielo era de color negro y hacia un frio descomunal, y el solo estaba con una camisa fina verde de la que colgaban unas medallas inservibles, ¿de qué le servían esas medallas ahora? Pensó, no las puedo comer, son títulos estúpidos que cuando uno está solo no sirven de nada.
  Por suerte no estaba completamente perdido, tenía un farol que colgaba de un gancho, la llama de la vela era fuerte e incandescente, el marinero quedaba hipnotizado mirándola, seguro lo rescatarían antes de que se apagara, no debía dejar de estar positivo, su mente no debía irse a bailar con la luna, la mente es todo, si la mente se pierde el cuerpo se pierde le decía siempre su padre, estaba orgulloso de su hijo, de todas sus hazañas y las medallas, que ahora le resultaban tan inútiles, que había ganado por ellas. No debía perder la mente, comenzaba a tener miedo de pasar días y días en esa nada absoluta y terminar volviéndose loco y comenzar a hablar con el aire, ¿qué hacía pensando eso?, mejor se iba a dormir, cerró los ojos y se quedó profundamente dormido. No soñó nada.
   Se despertó con más hambre todavía, pero no había nada que pudiera hacer.
  La llama del farol seguía prendida, pero ya sin tanta fuerza, la vela se había consumido un poco, pero no podía apagarla porque no tenía forma de volver a prenderla. Quedaría completamente en la nada, mirando las estrellas. Dejo de preocuparse por eso al séptimo día, solo podía pensar en el ardor de su cuerpo todo quemado por el sol, las ampollas le impregnaban el cuerpo y el hambre se había convertido en un vacío tan grande en su estómago, tan vacío como el horizonte. A veces se fijaba a ver si en esa nada aparecía algo, pero ya al décimo día dejo de hacerlo, solo se quedaba tirado y de vez en cuando le escupía alguna palabra al viento. En todos esos días no hubo rastro alguno de un barco, tal vez estaba equivocado y no estaba en ninguna ruta, sino que estaba en medio de una nada.
La vela ya daba pena, quedaba apenas un trozo, lo demás estaba derretido y manchaba todo el farol.

   Ya no sabía cuantos días habían pasado, no se acordaba su nombre ni como había terminado así, la vela ya no existía, lo sabía por qué no podía ver nada, era completamente de noche. Tenía la boca llena de astillas no sabía por qué, solo podía sentir como el bajaba y de repente una humedad comenzaba a subir, primero lo sintió en sus piernas, luego en el pecho, en los hombros, en el cuello, en la pera y ya no vio más. 

Mi cuento - Lucas Joakin


AYER.
Hoy me costó despertarme, fue como si hubiese dormido un mes entero, pero no, dormí tan solo siete horas, el reloj de mi celular indicaba que eran las seis y media de la mañana, tengo que levantarme porque si no llego tarde al trabajo, no desayuné y salí corriendo a mi consultorio, el colectivo no llegaba así que decidí ir caminando pero con un poco más de velocidad para llegar a tiempo. Al llegar, no había nadie en sala de espera para atenderse , raro, pero necesitaba un poco de descanso, estuve sentada en mi correspondiente sala, aproveché y me serví un café  para poder desvelarme, me senté y sentí mi cuerpo totalmente entumecido, en ese momento me hubiese gustado ser yo la paciente y no la doctora.
Eran las ocho y llegó mi primer paciente, era una mujer de aproximadamente cuarenta y cinco años, alta, su cabello rojo intenso que demostraba en ella poderío, sin embargo su mirada era triste, como pérdida, nunca la había visto, era su primera sesión. A lo largo de la charla pude sentir que no estaba siendo totalmente sincera conmigo. Me contó que tenía dos hijos, que no trabajaba pero bien era profesional y al preguntar “porque no ejercía su trabajo”, me respondió que debía cuidar de sus hijos y su casa, y que su marido satisfacía las necesidades económicas de la familia. Si bien ella sentía que estaba todo organizado en su vida familiar, colegio de los hijos, labores de la casa, comidas, horarios; aunque sabía que eso es lo que quería hacer, no se sentía satisfecha, había algo que le faltaba, le pregunté que le faltaba para sentirse completa, y me contestó que no estaba segura pero que sentía que no amaba más a su marido, que si bien estaba cómoda económicamente, sentía que necesitaba autonomía e independencia, que necesitaba una vida distinta, poder trabajar de lo que a ella le gusta, poder tener una vida social más amplia que no sea solo su familia y no sentirse fracasada por querer tener otra vida. Su marido tenía un carácter sólido y a ella le era muy difícil enfrentarlo, ya que temía que sus hijos sufrieran la separación de sus padres, aparte ella le temía a él. Su situación me recordaba mucho a mi madre.
Salí del consultorio, ahogada, necesitaba tomar aire y pensar en cómo solucionar su problema, ya que estos tipos de casos son muy comunes en las mujeres y muy difíciles de superar. Luego debí volver al consultorio porque tenía un paciente más que atender, y éste no se presentó, menos mal, porque no estaba en condiciones de atenderlo. Tomé mi cartera y fui a almorzar, llegué al lugar y la mesa donde siempre me siento estaba vacía, esperando a que el mozo tome mi pedido, observé que en el noticiero mostraban que hubo otro femicidio, me sorprendió saber que la chica era de mi barrio, entonces decidí ir a la marcha que realizaban por ella, ésta se encontraba a tan solo quince cuadras de donde yo estaba, mientras caminaba hacia el lugar en mi cabeza no dejaba de resonar la situación en la que se encontraba mi paciente, me sentía un poco identificada con ella y con tantas otras mujeres que pasaban por lo mismo. Estaba ansiosa de llegar al lugar para poder repudiar todas juntas estas injusticias que se ven a diario, tan solo faltaban cinco cuadras para llegar y ya podía ver la cantidad de manifestantes que se encontraban en el lugar, por fin llegué, con tanta impotencia que sentía en ese momento no importaba su nombre, mi propósito de estar, era que estas situaciones no vuelvan a ocurrir y que al salir a la calle ninguna sienta ese miedo que nos paraliza. Comencé a prestarle atención a los carteles de cada manifestante y a lo lejos ver a mis familiares con un cartel y llorando desconsoladamente, al ir acercándome a ellos sentía que perdía el aire y que aumentaban los latidos de mi corazón con cada paso que daba. No lograba ver sus carteles y el motivo de tanto llanto, quise preguntarles y no me contestaban, solo seguían llorando.
    


Mi cuento - Sabrina Trappani



La vida sin vos


    Esa noche como muchas otras, Ludmila se despertó sin motivo alguno. Vio cómo la humedad iba ganando lugar en su cuarto. A pesar de la oscuridad, las manchas marcaban el paso del tiempo. Es sabido que si por la noche te despertás, se debe a que alguien te está observando. El silencio era abrumador. Le hacía pensar en lo que no tenía, en lo que le arrebataron, en la falta, y en la por siempre incomprensible ausencia.
    Sentía que el frío de la noche le helaba los huesos. Lo recordaba y sabía que no estaba. Tantas voces que hablaban de él en silencio. Tantos gestos heredados que no sabía cómo llegaron a ella. Aunque no tenía recuerdos propios, ella era la prueba viviente de que él existió.
    Se aferraba al peluche que le regaló el día que nació, y quería que hubiera estado para llevarla al jardín, a la primaria, la acompañara el primer día de secundaria, que se hubiera puesto celoso por su primer novio, que hubiesen bailado el vals juntos en su fiesta de quince, que la hubiese podido escuchar y aconsejar. Le hubiese gustado que la acompañara en su crecimiento y formación como persona.
    Esa noche se levantó a dar un paseo por el barrio donde creció. Estaba sumergida en los pensamientos, recordando ese dolor que sentía cada vez que le preguntan por él, se resquebrajó ¿Y tu papá? ¿Qué hace? ¿A qué se dedica? Pero qué, ¿están separados? No puedo explicar el vacío que tengo. ¿Por qué me preguntan tanto? ¿No se dan cuenta de que si no lo nombro es por qué me cuesta hablar de el? No es la pregunta, ni quién me pregunta lo que me afecta, sino el hecho de tener que recordar que ya no estás.
    Y la luna comenzó a llorar acompañando su llanto. Ludmila lloraba cada vez que él amanecía en sus recuerdos, que aparecía en sus sueños, y que florecía en sus escritos. Lo sentía. Y le habló otra vez a la luna, tratando de que le llegaran sus palabras, sus lágrimas, sus llantos y sus risas. Queriendo asegurarse de que sepa que lo extrañaba, que lo amaba.
    Volvió a la casa y sintió en el aire que algo había cambiado. Prendió la luz, miró la pared y las manchas no estaban. Él las había sacado antes de partir y entonces recordó que él estaba en todo. Hasta en sus gustos más cotidianos. En la pintura, en el equipo de fútbol aunque no le gustaba ese deporte, en el gusto por la música y el asado.
    Ella no estaba sola, porque él la dejó en manos de su gran compañera. Una hermosa y fuerte mujer que nunca bajó los brazos, que no se dejó vencer por el dolor y la bronca, que es quién le enseñó todo su amor.
    El frío se disipó, le llegó su calor. Sintió su presencia en su habitación, acercándose a ella, acariciándola con las palabras que nunca escuchó pero que aun así la reconfortaban. Notó en su escritorio una gota que parecía un retazo de la luna. Sabía que era una señal, un mensaje suyo que imploraba que ella esté siempre bien, que creciera sana y libre, que estudiara, que disfrutara la vida y que esté bien acompañada. Pero aún así, le costaba. Era difícil concretar y llevar adelante sus deseos siendo que él no estaba y que no podía volver pero lo haría para hacerlo sentir orgulloso.

sábado, 20 de mayo de 2017

Mi cuento - Antonia Goldschlager



Esa sensación, la de las cosquillas en el estómago, sonrisa de oreja a oreja, aunque un poco temerosa, los pies alejados de la tierra, los oídos tapados casi sin poder oír el ruido de las turbinas, solo nos enfocábamos en la vista. Cada edificio era solo una pequeña mancha vista desde arriba, las personas casi invisibles, aunque las nubes ya no nos dejaban observar mucho más nuestra hermosa ciudad. Volar, que hermoso volar.
 La tranquilidad era mayor gracias al paso ligero, nunca me gustaron mucho esos movimientos bruscos del despegue. Solo quedaba esperar haciendo tiempo o mirando por la pequeña ventanilla el inmenso cielo que nos intimidaba desde afuera, solo veía color celeste, sea la ventana que mire. Era un poco desesperante a veces tal vez por el hecho de la costumbre de mis paisajes en el día a día, edificios, el kioskero, autos y personas en apuro. O tal vez era simplemente impaciente.
 Miré una película, o dos, no recuerdo, que digamos ni siquiera las miré, solo quería entretenerme y matar el tiempo aunque en la mitad muchas veces solo tenia ganas de pararme, caminar hasta la cabina del piloto y preguntarle "Señor,disculpe ¿falta mucho?" Como solo era parte de mi imaginación, la misma cansadora pregunta se la repetía a mi mamá, una y otra vez.
 Pude dormir un poco, ya mi cuerpo lo necesitaba. Me despertó una de las azafatas que horas atrás me ofreció bebida, me despertó por turbulencias. Medio malhumorada, de ese fastidio que todos tenemos cuando nos despiertan, nos hizo ponernos el cinturón, cuando yo ya había tomado otra posición acostada atravesando dos asientos y apoyada en una pequeña almohada que nos dieron apenas ingresamos al avión. Pero no me importó, yo seguí durmiendo sentada y con turbulencias, ya que estaba cansada aproveché a dormir, dicen que así el tiempo pasa más rápido.
El tiempo pasa más rápido, así es, me despertaron, pero esta vez fue el barullo de los pasajeros y mi mamá diciéndome que agarre mi mochila que pronto nos harían desembarcar. Me despabilé en un instante cuando oí eso, ya quería bajar, aunque al parecer la gente pensaba lo mismo que yo porque ya estaban parados con sus bolsos en mano y había una larga fila hasta la puerta principal. Esperamos unos diez minutos, con ansia, pero al bajar últimas caminamos tranquilas y sin empujones hasta la salida.
 Finalmente entramos al aeropuerto luego de caminar por la manga desde el avión arrastrando nuestras valijas. Mi cabeza ya había colapsado entre los altavoces hablando idiomas indescifrables, hasta ver carteles por doquier con anuncios o advertencias que hasta ni un japonés podía entender, bueno en realidad un japonés si, era su idioma, pero mi cabeza colapsada todavía no había caído en la realidad. Si, estábamos en Tokio, emocionada miré a mi mamá, ambas nos miramos y miramos también a nuestro al rededor, todo un mundo distinto al nuestro, quedamos anonadadas cuando nos dimos cuenta que algo que deseábamos hace tiempo, gracias al esfuerzo estaba ocurriendo.
 Esa sensación, cuando podemos cumplir un sueño, la sonrisa de oreja a oreja, los pies alejados de nuestra tierra habitual. Esta vez estaba ansiosa y no por llegar, sino por despegar de vuelta a esa hermosa ciudad que me enriqueció el alma de recuerdos.

Antonia Goldschlager 4to 1era

Mi cuento Ciro Barria



Cambiar de Aire
Por Ciro Barria

Tomás Song era una persona muy tranquila de origen chino, vivía en las afueras de Pekín, en un lugar más alto y más frío que el centro de la ciudad, en el barrio Changping cerca de un área natural. Tomas tenía una vida muy rutinaria: todos los días se iba hasta el centro de Pekín donde tenía un puesto de té que él mismo atendía, aunque lo que a él lo volvía loco era el café, una vez un amigo suyo turco se lo había hecho probar.
Su nombre no era muy común, más bien era excepcional. Todos a su alrededor tenían nombres chinos excepto una persona, su papá, que era el que había elegido ese nombre para su único hijo varón. El papá de Tomás se llamaba Emmanuel, era filipino y allí muchos tenían nombres en castellano porque Filipinas había sido una colonia española.
 Un día Tomás, volviendo de su trabajo, a la noche, encontró una cadena internacional de comidas colombianas que abría a la vuelta de su casa. Ante la curiosidad y el desconocimiento sobre Colombia, fue a cenar allí. Al entrar observó muchos carteles en español, algo que lo hacía acordar mucho a su familia paterna, probó una exquisita arepa y quiso hablar con el dueño para felicitarlo. Después de una hora de conversación, el dueño le invitó un café colombiano, algo que Tomás nunca había probado y ni sabía que en ese país era tan común consumirlo. Quedo tan fascinado que quiso saber más sobre el país y le comentaron que habían unos pasajes en avión hacia allá cruzando todo el Océano Pacifico, haciendo escala en Los Ángeles (Estados Unidos) y aterrizando en Bogotá. Esa noche llegó a una conclusión y pensó: “China no es para mí”.

Nunca le gustó sentirse diferente por su nombre ni por sus gustos poco tradicionales, nunca le convenció estar con tanta gente alrededor en espacios tan pequeños. Por otro lado, le fascinaba el café, gracias a su familia sabía bastante español y le encantaba practicarlo escuchando Shakira y Juanes pero le dio siempre vergüenza hablarlo frente a su familia y siempre tuvo la ilusión de irse a vivir a otro país. Al día siguiente, Tomás en vez de ir a trabajar como siempre a su puesto de té, fue directamente al aeropuerto decidido a sacar un vuelo hacia Bogotá. El más grande problema era que no le alcanzaba la plata para comprárselo. Su única salida era vender en el momento su puesto de té e irse de una vez para siempre de allí. Se tomó unos 20 minutos para pensar en el aeropuerto y se dijo: “Todo o nada”. Inspiró profundamente y tomó una decisión: Colombia lo esperaba. Le vendió su puesto de té a un primo suyo de mucha confianza y fue directo a la casa de su padre a comunicárselo. Muy contento le dijo: “papá me voy a vivir a Colombia” en un perfecto español. Emocionado, su padre Emmanuel lo abrazó y le dio sus ahorros que conservaba para momentos de emergencia. Antes de irse con sus dos valijas de color azul y rojo, se puso un buen saco con una camisa, un gorro que le pertenecía a su padre, guardó todo su dinero en el bolsillo, llamó a un taxi y se imaginó ilusionadamente cómo sería su viaje.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Mi cuento - Laura Tello

HIDRA DE LERNA

'On the beach' - by Catrin Welz-Stein ~


  Nunca voy a poder entender la belleza de las aguas del mar, la manera de reflejar nuestras almas. Nunca voy a poder entender la melancolía que nos irradia, y menos voy a entender si agradezco los recuerdos que se me vienen a la cabeza de vos; o si los repudio con compasión. Mucha compasión...y dolor.



  Que bellas las vacaciones, que bello salir de lo común. Todo eso es bello, sí, pero más bella era ella y su felicidad. Todavía recuerdo cuando pidió con inseguridad si podía irse a la playa, aunque ya le había dicho a todos sus conocidos la propuesta que había recibido de irse a Valizas. Valizas, que bello lugar.


  Que feliz se la veía a ella en sus vacaciones 3 años atrás, era notorio que disfrutaba de pasearse por todos lados y observar atentamente cada detalle de sus recorridos. Todos sabíamos que ella era una persona de paso por aquel lugar, que hasta ese entonces no iba a generar ningún cambio su presencia allí puesto que solo sería una turista más junto con su madrina, la cual era la que la había invitado a vacacionar. Era interesante verla agacharse en cada puesto artesanal, indagando con la mirada el objeto que estaba a la venta o mirando los médanos como si quisiera encontrar algo ahí o hundiendo sus pies con suma tranquilidad en la arena mientras apreciaba el agua, aquella bella agua… La arena quemaba a veces, se le notaba en sus expresiones llenas de gracia cuando caminaba por allí al mediodía, pero le gustaba aquella arena, era como si fuera parte de ésta cada vez que se recostaba en ella.


  Dudo que alguien haya disfrutado tanto la playa como ella aunque no fueran vacaciones descomunales. Era el cliché de las vacaciones en la playa; tomar sol, salir a comer, pasarse el día frente al agua, nadar, beber batidos, lo típico que hacemos todos aunque cada uno finaliza las vacaciones a su manera, totalmente distintas. Ella se daba con todos, era algo que cualquiera podría darse cuenta aunque esté a 3 cuadras de distancia, o a 3 días. Nunca supe muy bien de su familia o de cada persona que se encontraba en su entorno, solo sabía de ella, o mejor dicho, de lo que veía de ella tanto con mis ojos como con los de los demás.


   Eras tan feliz, tan astuta y activa que es imposible dejar de describirte. Recuerdo aquel sábado, aquel día que parecía que iba a ser tan igual a los demás pero que nos cambió, tanto a vos como a mi. Te recuerdo saliendo de tu cabaña con tu típica mochila rosa chicle, el short ése de jean tuyo y la típica melena despeinada que siempre llevabas, si a eso se le puede llamar despeinado porque con un manazo la aplastabas y quedaba como nueva… y es que te recuerdo tanto tanto que hasta me pongo a las lágrimas de la maldita melancolía que me generas vos. Que bellas vacaciones, pero más bella eras vos. Amaste la arena, amaste aquel agua. Que bello Uruguay, que bello Valizas. Que bello era ese sábado, ya nos íbamos a volver pronto y vos le ibas a contar a tu mamá lo vivido, aunque si hubiéramos vuelto no sé si ella querría escuchar todo lo que viviste.


  Ella salió a caminar, como siempre lo hacía aunque la única diferencia era que no estaba acompañada de alguien que le diera charla, alguien que le diera algo de qué hablar. No era la primera vez, apuesto que no aunque no esté tan al tanto de ésto. Qué concentrada se la veía, hundiendo su vista y su alma en las aguas, pero que atenta que estaba también a sus alrededores aunque no pareciera. Ella era pura, no desconfiaba de los demás turistas puesto que los notaba, igual que ella, apreciando aquella melancólica playa, escenario de tantas historias. Que bello atardecer, pero que triste la huída del sol, tan rápida y brusca como un cobarde luego de cometer alguna crueldad, o como un pequeño recuerdo que poco a poco se va olvidando, aunque luego vuelva a rondar por los pensamientos pero no tan claro como la primera vez. Cada atardecer parecía igual, pero era diferente. Cada recuerdo parecía el mismo que el anterior, pero ya no eras la misma.


   Aquel sábado no me dijeron nada de vos, solo que habías salido a caminar. Pero el domingo fuiste noticia, que lindas fotos tuyas mostraban en la tele. El lunes conocimos la cara de tu mamá gracias a la misma tele que la del domingo, aunque no creo que ella quería estar apareciendo ahí. Hasta aquel médano que vos mirabas con atención pudimos ver, aunque ya no se veía como algo interesante, si no que ahora era algo intrigador y un poco devastador. Seguí escuchando de vos un tiempo más, de la arena esa que podría quemar hasta la piel de alguien, de aquel médano ubicado a 100 metros del agua que por las noches crecía pero de día era disfrutada por los turistas, pero luego ya no. Todos comenzaron a callar, como si tu nombre fuera una pregunta sin respuesta.


  Que bello recuerdo de cómo comenzaban tus vacaciones en Valizas 3 años atrás aunque lo finalices sin un rastro de sonrisa, sin un rastro de justicia.

En memoria de Lola Chomnalez, desaparecida el sábado 27 de diciembre del 2014 tras salir a caminar a las 14:hs y nunca volver, siendo encontrada semienterrada bajo un médano a 100 metros del agua, con signos de heridas por arma blanca y determinada asfixiada por la arena, victima de un homicidio cometido en Valizas-Uruguay sin respuestas por parte de la justicia hasta el día de hoy.



Rúbrica de evaluación:
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Ideas y contenido
Hay ideas potentes y un mensaje claro, enriquecido con detalles que no solo aportan información sino también atraen al lector y lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta personal y se reconoce en él un intento de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
Hay ideas potentes y un mensaje claro, sin embargo, los detalles solo aportan información y no  atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
Hay ideas contradictorias o sin desarrollar y el mensaje no es claro. Los detalles solo aportan información y no  atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento de originalidad.
La relación con la imagen que lo origina no es significativa o es inexistente.
Organización
La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de  las ideas y los hechos se suceden lógicamente y la información se da en las dosis correctas y en el momento adecuado para que quien lee el texto nunca pierde interés. Las conexiones son fuertes,  es decir que los puentes de una idea a la siguiente son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos,  para un cierre satisfactorio,
La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de  las ideas y los hechos  no siempre se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se sobreentiende información, de modo  que quien lee el texto  pierde interés. Las conexiones no son fuertes,  es decir que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos,  para un cierre satisfactorio,
La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de  las ideas y los hechos  no  se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se sobreentiende información, de modo  que quien lee el texto  pierde interés. Las conexiones no son fuertes,  es decir que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra sin un sentido de la resolución, dejando cabos sueltos.
Voz:
Logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización no son los adecuados.
Elección de las palabras:
La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario rico  y preciso, que emociona y hace pensar a quien lee el texto. No sólo se comunica de una manera funcional, sino de un modo que conmueve.
Hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues incluye algunos recursos y artificios literarios.
La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario correcto pero que no emociona ni  hace pensar a quien lee el texto. Sólo se comunica de una manera funcional.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues no  incluye algunos recursos y artificios literarios.
La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario escaso y repetitivo, a veces, erróneo. Se limita a un uso literal que  no emociona ni  hace pensar a quien lee el texto. Sólo se intenta comunicar de una manera funcional, aunque no siempre se logra.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues no  incluye algunos recursos y artificios literarios.
Convenciones
El texto se ha corregido y editado con cuidado, pues no presenta errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
El texto se ha corregido y editado con relativo cuidado, pues presenta algunos errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
El texto no se ha corregido y editado con cuidado, pues  presenta errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
Calificación Definitiva

lunes, 24 de abril de 2017