Una
mañana al despertar de un sueño agitado, Agostina Viera se encontró en su cama
convertida en un hermoso gorrión. Después de haber logrado ponerse de pie sobre
sus dos pequeñas patas y haber examinado su nuevo cuerpo, comenzó a
cuestionarse cómo bajar de aquella cama que ahora parecía tan alta, y mucho más
alta le parecía debido a su miedo a las alturas.Luego de que se tranquilizó, pensó en volar, así que cerró los ojos y recordó cuando era niña y jugaba con sus padres por medio del maizal imitando a los pájaros que se comían pequeños granos de maíz, y sin darse cuenta se dejó llevar por ese recuerdo. Al abrir los ojos ya se encontraba de pie en el alféizar de la ventana. Como ya se estaba demorando en preparase para comenzar su primer turno de trabajo, la madre la llamó a través de la puerta de la habitación. Al no tener respuesta, dedujo que Agostina se había ido más temprano. Aunque en realidad ella sí había respondido, sólo que su voz había sonado para los oídos de la madre como un canto más de los pájaros de afuera. Fue allí cuando Agostina se dio cuenta de que estaba llegando realmente tarde al trabajo, así que tomó coraje, saltó de la ventana y logró salir de la chocita en la que vivía junto a sus envejecidos padres. Luego de una larga caminata por la calle de tierra, logró llegar al maizal, pero en cuanto llegó vino su padre corriendo y la espantó tal cual como lo hacía con ella hace años atrás. La reacción lógica de un ave, pero inconsciente deAgostina, fue salir volando. Y mientras se elevaba, se volteó y vio a sus padres mirándola enfadados por haber querido comerse su fuente de dinero, pero a la vez felices y de alguna manera envidiándola porque, en el fondo, querían ser libres como ella.
domingo, 9 de julio de 2017
Pedro Mazzoni : otra persona
Escribir un
relato que no exceda una carilla a partir del siguiente comienzo:
Una mañana al despertar de un sueño agitado Pedro Mazzoni se encontró en su
cama convertido en otra persona. Era domingo a
las cinco y media de la mañana.
Miró a su alrededor y descubrió que la cama en la que estaba acostado era
del doble de su tamaño y por alguna extraña razón estaba desarmada. Era como si
un remolino hubiera pasado por encima de ella. Después, se dio cuenta que inexplicablemente,
a diferencia de cualquier otro día, tenía mucha más energía que de costumbre.
Finalmente, se animó a mover su cabeza hacia la ventana y contemplar su
reflejo. Efectivamente ese no era él sino en su hermanito de 9 años, Manuel.
La primera pregunta que se hizo al darse cuenta que era su hermano fue: ¿quién
estaba en su verdadero cuerpo, si él estaba en el de su hermanito? Saltó de la
cama y fue corriendo a ver quién estaba en su cuarto. Allí se encontraba su
verdadero cuerpo, profundamente dormido. Sin pensarlo dos veces despertó al otro Pedro y
éste dijo a bostezos -¡no me molestes Manu, dejame dormir tranquilo!- Luego se durmió
antes de que pudiera contestarle. Después de escuchar eso estaba seguro de que
ese de ahí era yo. Necesitaba entender qué estaba pasando así que lo desperté nuevamente
y antes de que él hablara me apresuré a
decirle:- necesito que me ayudes-. Pedro
en este momento tenía la cara roja como un tomate, pues le gustaba dormir hasta
tarde los fines de semana. -¡ahora no Manu tengo sueño!, es muy temprano ¡Anda
a dormir!.
Tal vez tenía razón, era muy temprano para estar despierto, pero no me
podía dormir. Tenía demasiada energía así que me puse a jugar con los juguetes
de Manuel. Me parecía muy divertido, hasta inventé una historia completamente
ilógica pero que en ese momento me resultaba muy entretenida. Estuve más de una
hora.
Cuando terminé de jugar miré a la cama de Pedro, seguía dormido, pero ya me
había olvidado que le iba a preguntar. Fui a la heladera y comí algo, luego fui
al cuarto de mis padres, que también dormían y me acosté en el medio de los dos
esperando a que alguno se despierte para jugar.
Por suerte es domingo y no tengo que ir al cole. Ya hice la tarea de
ciencias sociales para la maestra.
sábado, 8 de julio de 2017
Nicolás Blanco-Cronofobia
Una mañana al despertar de un sueño agitado Nicolás Blanco se encontró en su cama convertido en algo. No sabia muy bien lo que era.No había un cambio físico que se pudiera apreciar,o tal vez si pero el no podía verlo.Era mas bien un cambio dentro de el que no podía explicar, no sabia que era lo que le pasaba ,tal vez si pero no se había dado cuenta hasta ahora o no había querido darse cuenta,pero...¿por que?.Esa mañana todo era muy confuso.
El cambio no le disgustaba del todo,era consiente de que tenia sus ventajas,sin embargo extrañaba lo que había sido antes de ese cambio, perceptible solo para el o para alguien que no lo hubiera visto en mucho tiempo.
No le preocupaba bajar a desayunar,por que ni su madre ni su padre y ni siquiera sus hermanos le notarían algo distinto.
Era uno de esos cambios inevitables,que aunque uno se deprima,se enoje y rompa todo o llore,va a pasar igual.Era consiente de que no iba a ser el único cambio,ya había pasado por varios,pero ninguno lo había sentido así.Pero el cambio que mas miedo le daba era en el cual el espejo le devolvería una cara agotada por el tiempo y llena de arrugas,que ya no podría correr o jugar al fútbol ni subir la escalera de dos en dos.
No habría ahora cosa que le gustaría mas que volver a ser lo que fue.
Tomás de la Vega- Cotidiano
Una mañana al despertar de un sueño agitado, Tomás de la Vega se encontró en su cama convertido en lo que parecía ser un pez. Acostado debajo de una sábana de puro cuero de llama que conseguía asfixiar a medio mundo de calor y al sacarla te producía el resfriado del año debido al ambiente helado que siempre había en la mañana. Al sacarse lo que le producía calor intenso, con forcejeos y saltos que hacía para liberarse se podía ver su cuerpo, si era humano. Con la mirada puesta hacia el techo de su cuarto, se dirigió hacia la cocina a través de saltos que poco a poco dejaban una sustancia viscosa y resbalosa sobre el suelo, pero esto no le importaba porque sólo quería desayunar, ir al trabajo, volver a casa y nada más ni nada menos.
Nada como comenzar el día con una taza de café, y claramente el pez no tenía tiempo para prepararse uno, así que simplemente tenía que calentar el que sobró el día anterior que se encontraba en el microondas. Entonces, dando su mayor esfuerzo hizo un gran salto para llegar a la mesada donde está el microondas que terminó rompiendo su aleta dorsal, pero eso no importaba sólo quería su taza de café caliente, apretó iniciar con la cola y con la cabeza, específicamente el ojo, encendió la radio que se encontraba justo al lado de él. Obviamente con el golpe que se hizo para encender ambas cosas se terminó lastimando la cola y el ojo contra el botón de "Play" de la radio, pero todo esto no importaba lo único importante era su café matutino y la música.
Al terminar de calentarse el café, Tomás recibió un mensaje por Skype de su jefe en su computadora ubicada en el comedor. Esto sí le importaba porque era su jefe y lo estaba llamando, por ende debía ser algo de urgencia. Abalanzó todo su cuerpo herido hacia el borde de la mesada y de un salto cayó en picada con la esperanza de llegar a la computadora al ritmo de la canción "Cotidiano" de Chico Buarque.
Aterrizó justo en el botón de encendido y, a cambio, tuvo un dolor por todo el torso haciendo que las escamas se salgan, pero no le importaba sólo quería saber qué dice el mensaje. Cuando observó el mensaje no lo podía creer lo que decía: "Señor de la Vega, lamento informarle que está despedido".
"¿Es en serio?" pensó "¿Pero qué hice de malo? ¿Ahora qué haré sin trabajo? Si no consigo trabajo ahora mismo no podré pagar las cuentas, me la pasaré todo el día mendigando por monedas, no me casaré, mi familia me dejará de lado y pasaré toda mi vida en suma soledad...". Tantos pensamientos acumulados le daba al joven un ataque de pánico que no lo dejaba respirar, por las heridas en todo el cuerpo no podía moverse hasta que sintió un fuerte y seco golpe en el pecho donde está su corazón. Con el ojo no lastimado mirando hacia el techo de la cocina vio por última vez la vida y escuchando una estrofa de la canción "Cotidiano": "Mediodía sólo pienso en decir no, después pienso en la vida para llevar y me callo con la boca cerrada".
Nada como comenzar el día con una taza de café, y claramente el pez no tenía tiempo para prepararse uno, así que simplemente tenía que calentar el que sobró el día anterior que se encontraba en el microondas. Entonces, dando su mayor esfuerzo hizo un gran salto para llegar a la mesada donde está el microondas que terminó rompiendo su aleta dorsal, pero eso no importaba sólo quería su taza de café caliente, apretó iniciar con la cola y con la cabeza, específicamente el ojo, encendió la radio que se encontraba justo al lado de él. Obviamente con el golpe que se hizo para encender ambas cosas se terminó lastimando la cola y el ojo contra el botón de "Play" de la radio, pero todo esto no importaba lo único importante era su café matutino y la música.
Al terminar de calentarse el café, Tomás recibió un mensaje por Skype de su jefe en su computadora ubicada en el comedor. Esto sí le importaba porque era su jefe y lo estaba llamando, por ende debía ser algo de urgencia. Abalanzó todo su cuerpo herido hacia el borde de la mesada y de un salto cayó en picada con la esperanza de llegar a la computadora al ritmo de la canción "Cotidiano" de Chico Buarque.
Aterrizó justo en el botón de encendido y, a cambio, tuvo un dolor por todo el torso haciendo que las escamas se salgan, pero no le importaba sólo quería saber qué dice el mensaje. Cuando observó el mensaje no lo podía creer lo que decía: "Señor de la Vega, lamento informarle que está despedido".
"¿Es en serio?" pensó "¿Pero qué hice de malo? ¿Ahora qué haré sin trabajo? Si no consigo trabajo ahora mismo no podré pagar las cuentas, me la pasaré todo el día mendigando por monedas, no me casaré, mi familia me dejará de lado y pasaré toda mi vida en suma soledad...". Tantos pensamientos acumulados le daba al joven un ataque de pánico que no lo dejaba respirar, por las heridas en todo el cuerpo no podía moverse hasta que sintió un fuerte y seco golpe en el pecho donde está su corazón. Con el ojo no lastimado mirando hacia el techo de la cocina vio por última vez la vida y escuchando una estrofa de la canción "Cotidiano": "Mediodía sólo pienso en decir no, después pienso en la vida para llevar y me callo con la boca cerrada".
Encerrada- Luna Pianetti
Una mañana, al despertar de un sueño agitado, Luna Pianetti se encontró en su cama convertida en un pájaro, mejor dicho, en un arrendajo. Estaba acurrucada contra un lugarcito de su cama con todas sus plumas hasta la cabeza. Al abrir los ojos lo primero que vió fueron las diminutas y delgadas patas; luego pudo ver sus plumas grises con toques azules. Todo a su alrededor se veía enorme.
Luna no podía creer lo que pasaba, desconfió de estar despierta, como si estuviese dentro de una película en donde el personaje principal está encerrado en una habitación sin ventanas y con una puerta con gruesos barrotes. ¿Estaba presa? No entendía porque se había convertido en un arrendajo.
Movió su cabeza. Desplegó lentamente las alas de su cuerpo, pesaban una inmensidad, como si fuesen de porcelana. Se animó a pasar entre los barrotes de la puerta. Tomo fuerzas como para volar pero no lo logró en el primer intento. Tomó altura y velocidad. Recorrió cada pasillo que encontraba. Vio una gran puerta con un letrero que decía biblioteca. Pensó que allí encontraría una respuesta.
Buscó en cada estantería hasta encontrar un libro de aves. Lo abrió en sus primeras páginas y descubrió que el arrendajo tenía reputación de ladrón de nidos, que se lo asocia con los problemas y la mala suerte. Inmediatamente comprendió lo que estaba ocurriendo: haber entrado en aquella casa y robado todos esas cosas no había quedado impune. Esa acción la transformó.
Luna extendió sus alas y salió volando por una ventana. La cárcel quedó atrás pero estaría confinada a ser un arrendajo por siempre.
Lo Contrario- Jerónimo Ferrari
Una mañana al despertar de un sueño agitado, Jerónimo
Ferrari, se encontró en su casa convertido en otra persona. Se dio cuenta que
era todo lo que odiaba, los gustos que tenía eran los que más repugnaba.
En el momento de levantarse, se cambió con ansias, con una
sonrisa en la cara y bajó a la cocina a hacerse el desayuno. Terminó de hacerse
su café con tostadas, dejó su celular sobre la mesada de la cocina y se sentó en
la mesa del living al lado de su padre, a leer el diario mientras comía, al
igual que él.
Al terminar de comer, sacó al perro a pasear. Hizo el mismo
camino que todos los días y caminaba mientras esquivaba las defecaciones que
había en el piso, en el momento que su perro hizo sus necesidades, Jerónimo la
envolvió en una bolsa y la tiró en el tacho de basura. Cuando volvió a su casa,
dejó al perro y para ir al colegio, fue a la parada del colectivo, en vez de subirse
a su auto.
En el momento de llegar al colegio, se cruzó con sus amigos
y cuando los quiso saludar, ninguno le respondió ni lo miró a los. Se fue a su
clase y luego de sentarse en su banco, Luis, se sentó al lado suyo y lo saludó
con un beso en la boca.
-
Buen día, ¿cómo andas? - Exclamó Luis
-
Bien – Respondió Jerónimo, con un tono cortante.
Al empezar la clase Jerónimo prestó atención, hizo preguntas
y copió todas las materias del día. Cuando llegó el momento de irse a su casa,
Jerónimo antes pasó por el quiosco a comprarse algo para comer, luego se fue a
la parada del colectivo. Yendo para la parada vio que sus “amigos” estaban
pegándole a su compañero Luis, por ser homosexual, cuando se quiso meter uno de
ellos no se lo permitió y amagó a pegarle si lo hacía, Jerónimo fue a su casa
corriendo.
Apenas llegó a su casa se tiró a su cama a llorar hasta
quedarse dormido. Despertándose al día siguiente de un sueño agitado,
sintiéndose diferente.
Al hacer la rutina de todas sus mañanas, Jerónimo decidió
tomarse el colectivo porque esta vez tenía ganas. Al venir el colectivo, él no
lo paró y se interpuso en su camino repentinamente. El chofer no vio nada, solo
escuchó un golpe seco y frenó. A los 10 minutos llegó la ambulancia para llevárselo
al hospital y a los 15, sus padres, quiénes se preguntaban, ¿por qué? ¿por qué?
¿por qué...
No tiene que ser un sueño.
Juliana Guggini
Una mañana al despertar de un sueño agitado, se encontró en su cama convertida en una extraña para sí. Tenía un vago recuerdo de ese cuarto en el cual el reloj despertador la había levantado a las 05:55 am. El aroma familiar del tostador que anticipada el desayuno entraba por su nariz. Quien era aquella chica que observaba todo lo que la rodeaba con desconcierto en ese pijama negro y blanco con ositos y ése cubrecama estampado de Hello Kitty. Sobresaltada, escuchó que desde abajo la llamaban, "-vestite y baja a desayunar, que se hace tarde, te dejé el vestido sobre la silla junto a los zapatos amarillos-". Nada encajaba, excepto el olor a las tostadas. Un intenso palpitar comenzó a transformar el asombro en miedo ante lo que veía. Como último intento resfregó sus ojos nuevamente y apretó fuerte los parpados con la esperanza de que al abrirlos todo volviese a la normalidad, a su camisón de seda que le regaló su mejor amiga, a sus gatos sobre la cama y a la ropa deportiva colgada de la silla, todas esas cosas que hasta hacia tan solo unos minutos la definían. Tomó coraje y de un salto se abalanzo sobre el ropero abriendo sus puertas. Nada de la ropa que allí se encontraba le parecía convincente y pensó, "que mal gusto tiene está chica". Eligió para ponerse lo que menos le disgustaba y apuro el paso en las escaleras. Una poderosa convicción había transformado el desconcierto en decisiones que iba tomando mientras recorría los incontables escalones que la separaba de la cocina donde la esperaba el desayuno. Antes del último sorbo de café con leche miró el fondo de la taza y dijo en vos alta, "llegó más tarde del colegio, tengo que pasar por el Club porque quiero comenzar a jugar al hockey". Un nuevo día había comenzado.
Juliana Guggini
Una mañana al despertar de un sueño agitado, se encontró en su cama convertida en una extraña para sí. Tenía un vago recuerdo de ese cuarto en el cual el reloj despertador la había levantado a las 05:55 am. El aroma familiar del tostador que anticipada el desayuno entraba por su nariz. Quien era aquella chica que observaba todo lo que la rodeaba con desconcierto en ese pijama negro y blanco con ositos y ése cubrecama estampado de Hello Kitty. Sobresaltada, escuchó que desde abajo la llamaban, "-vestite y baja a desayunar, que se hace tarde, te dejé el vestido sobre la silla junto a los zapatos amarillos-". Nada encajaba, excepto el olor a las tostadas. Un intenso palpitar comenzó a transformar el asombro en miedo ante lo que veía. Como último intento resfregó sus ojos nuevamente y apretó fuerte los parpados con la esperanza de que al abrirlos todo volviese a la normalidad, a su camisón de seda que le regaló su mejor amiga, a sus gatos sobre la cama y a la ropa deportiva colgada de la silla, todas esas cosas que hasta hacia tan solo unos minutos la definían. Tomó coraje y de un salto se abalanzo sobre el ropero abriendo sus puertas. Nada de la ropa que allí se encontraba le parecía convincente y pensó, "que mal gusto tiene está chica". Eligió para ponerse lo que menos le disgustaba y apuro el paso en las escaleras. Una poderosa convicción había transformado el desconcierto en decisiones que iba tomando mientras recorría los incontables escalones que la separaba de la cocina donde la esperaba el desayuno. Antes del último sorbo de café con leche miró el fondo de la taza y dijo en vos alta, "llegó más tarde del colegio, tengo que pasar por el Club porque quiero comenzar a jugar al hockey". Un nuevo día había comenzado.
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