La dama del retrato.
Allí
aparecía en mis sueños, en esa torre. Una torre oscura, sucia y sobre toda
llena de objetos viejos. Aquella torre, abandona, que me causaba temor de
solo recordarla. Era inmensa, tenía al menos 50 pisos, pero solo conocía el
último, donde me esperaba lo peor.
Ella
también aparecía, con un vestido de seda viejo lleno de polvo, una tez
blanca, su pelo negro y canoso, y su intensa mirada, que al poco rato te
causaba escalofríos. Si no la conocías, parecía tan amable, tan solidaria, tan
buena, aunque había algo en ella que no me gustaba. Siempre me cubría los ojos
y me llevaba a un lugar, que por más de que buscase por mi cuenta jamás lo
encontraría.
Allí me
encontraba, con personas desconocidas, que al parecer eran de distintas épocas
y no sabían donde se encontraban. Todos vivían felizmente en aquel lugar,
siempre con una sonrisa y agradecidos pero con cierta falsedad,
como si tuviesen un chip que los manejase. Pero de todas esas personas, que por
lo que parecía eran más de cien, había un anciano. Él no parecía feliz, todo lo
contrario, estaba con su peor cara, fruncida y llena de arrugas. “¡No
deben confiar en ella, es mala y esto es falso!¡Esto no es real!” gritaba por
las calles, pero nadie le prestaba atención.
Una
noche, en mis sueños, mientras recorría esa tenebrosa torre, la vi, pero no
como siempre lo había hecho. Ella estaba en un cuadro que por lo que vi era
bastante viejo, al menos dos siglos atrás. Se encontraba sentada en su silla y
de fondo aquellas personas que había conocido en aquel lugar donde ella me
llevaba. Pero, ya no eran felices, parecían tristes y cansados, como si
hubiesen trabajado sin parar.
Me
desperté abruptamente, sudada debido al temor de aquella pesadilla. Llame
a mis padres, pero ninguno respondía “quizás no me escucharon “pensé.
Volví a insistir, esta vez con más fuerzas, aunque tampoco obtuve
respuesta. Comencé a sollozar, el miedo recorría cada parte de mi cuerpo y que
mi familia no respondiese mi llamado me alteraba aún más. Me decidí a
levantarme e ir a por ellos. Con mucho miedo destapé mis pies y me senté en la
cama. En su momento prefería quedarme allí, me causaba más temor salir de mi
cuarto que estar sola y dejarlo pasar. “Fue solo un sueño” me dije a mi
misma, y esta vez sí me dispuse a buscar a mis padres.
Me
encontraba detrás de su puerta, podía escuchar voces, lo extraño es que había
una voz que no era de ellos, era la voz de una señora, ronca y fuerte. Entendí
que seguramente estaba alucinando a causa del miedo. Abrí la puerta y me
encontré con ella, jamás lo hubiese imaginado. Estaba ahí, pero esta vez
era todo una jovencita. Pelo lacio sin canas, sin arrugas, la piel bronceada,
me duele decirlo pero estaba bellísima. No me deje llevar por su apariencia,
intentaba empujar a mis padres dentro del cuadro. Algo más me llamó la
atención, y es que también yo estaba en aquel retrato.
Juliana Guggini Galeano.

Juliana: Si bien se reconoce una idea central que funciona como hilo conductor, la narración y el orden en que aparece resultan un tanto confusos, porque construís un relato fantástico en el lo sobrenatural irrumpe hacia el final sin encontrar una lógica que lo haga aparecer con naturalidad.
ResponderBorrarAdemás, no lográs dar con el tono narrativo y predomina el decir. Por esto, no logra conmover ni involucrar afectivamente al lector.
Rever puntuación, uso de tiempos verbales, construcción de oraciones.
Al editar, los párrafos deben alinearse con la herramienta "justificar".
Nota: 5,50