La tranquilidad era mayor gracias al paso ligero, nunca me gustaron mucho esos movimientos bruscos del despegue. Solo quedaba esperar haciendo tiempo o mirando por la pequeña ventanilla el inmenso cielo que nos intimidaba desde afuera, solo veía color celeste, sea la ventana que mire. Era un poco desesperante a veces tal vez por el hecho de la costumbre de mis paisajes en el día a día, edificios, el kioskero, autos y personas en apuro. O tal vez era simplemente impaciente.
Miré una película, o dos, no recuerdo, que digamos ni siquiera las miré, solo quería entretenerme y matar el tiempo aunque en la mitad muchas veces solo tenia ganas de pararme, caminar hasta la cabina del piloto y preguntarle "Señor,disculpe ¿falta mucho?" Como solo era parte de mi imaginación, la misma cansadora pregunta se la repetía a mi mamá, una y otra vez.
Pude dormir un poco, ya mi cuerpo lo necesitaba. Me despertó una de las azafatas que horas atrás me ofreció bebida, me despertó por turbulencias. Medio malhumorada, de ese fastidio que todos tenemos cuando nos despiertan, nos hizo ponernos el cinturón, cuando yo ya había tomado otra posición acostada atravesando dos asientos y apoyada en una pequeña almohada que nos dieron apenas ingresamos al avión. Pero no me importó, yo seguí durmiendo sentada y con turbulencias, ya que estaba cansada aproveché a dormir, dicen que así el tiempo pasa más rápido.
El tiempo pasa más rápido, así es, me despertaron, pero esta vez fue el barullo de los pasajeros y mi mamá diciéndome que agarre mi mochila que pronto nos harían desembarcar. Me despabilé en un instante cuando oí eso, ya quería bajar, aunque al parecer la gente pensaba lo mismo que yo porque ya estaban parados con sus bolsos en mano y había una larga fila hasta la puerta principal. Esperamos unos diez minutos, con ansia, pero al bajar últimas caminamos tranquilas y sin empujones hasta la salida.
Finalmente entramos al aeropuerto luego de caminar por la manga desde el avión arrastrando nuestras valijas. Mi cabeza ya había colapsado entre los altavoces hablando idiomas indescifrables, hasta ver carteles por doquier con anuncios o advertencias que hasta ni un japonés podía entender, bueno en realidad un japonés si, era su idioma, pero mi cabeza colapsada todavía no había caído en la realidad. Si, estábamos en Tokio, emocionada miré a mi mamá, ambas nos miramos y miramos también a nuestro al rededor, todo un mundo distinto al nuestro, quedamos anonadadas cuando nos dimos cuenta que algo que deseábamos hace tiempo, gracias al esfuerzo estaba ocurriendo.
Esa sensación, cuando podemos cumplir un sueño, la sonrisa de oreja a oreja, los pies alejados de nuestra tierra habitual. Esta vez estaba ansiosa y no por llegar, sino por despegar de vuelta a esa hermosa ciudad que me enriqueció el alma de recuerdos.
Antonia Goldschlager 4to 1era

Antonia: en tu texto se cuenta una anécdota pero necesita mucho trabajo aún para llegar a se un cuento. ¿Cómo intervino tu imaginación e inventiva para transformar la realidad? ¿Extrañamiento y artificios? Hay un hecho frecuente sobre el que no introducís una vuelta de tuerca o giro que lo observe desde un lugar novedoso; el resultado es tan esperable que deja la sensación de estar leyendo un testimonio personal.
ResponderBorrarBien escrito. Rever algunos errores en puntuación y reiteraciones innecesarias.
Al editar, los párrafos deben alinearse con la herramienta "justificar".
NOTA: 6